tecnicas de estudio 30 Mar 2020

BY: Jimena Ocampo Lozano

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Estos días que tenemos que quedarnos en casa, es más importante que nunca el uso de horarios y rutinas que seguir para no descontrolarnos y terminar cada día pensando “¿Qué he hecho hoy? Nada de lo que tenía que hacer…”.  Además, estar todo el día en casa durante muchos días, no es lo ideal. Por eso, es necesario mantenernos ocupados y establecer unos tiempos para trabajar, socializar y actividades de ocio de calidad.

Estos días de no ir al colegio o instituto siguen siendo días que de estudio. Aunque no vayamos a clase, las clases siguen. Y por eso, más que nunca, llevar una buena planificación es más importante que nunca.

Pero como esta situación es nueva, excepcional y emocionalmente muy impactante, debemos de tomarnos las cosas con calma, y pensar que si tenemos un día malo, o si en casa tenemos que compartir ordenadores y recursos, si un día prefiero estar jugando con mis hermanos, o leyendo un libro, es totalmente válido.

Aquí os damos unas pautas para organizar el tiempo, que es válido para cualquier situación de estudio, pero que como todo, hay que adaptar a la situación concreta.

¿Cómo me organizo?

Cuando tenemos que cumplir un objetivo o tenemos una meta, es importante que dediquemos, en un primer momento, un tiempo a diseñar un plan de acción. De esta forma, planificamos cuánto tiempo tenemos, qué tareas son las que tenemos que hacer para llegar al objetivo y cuánto tiempo necesitamos para realizar cada tarea. Si no hacemos este paso, corremos el riesgo de caer en la procastinación ya que, llegado el momento de ponernos a trabajar, nos van a surgir pensamientos como: “Tengo mucho tiempo, no hace falta empezar ahora”, “No sé por dónde empezar a trabajar”.

Tener diseñado un horario en el que estén contempladas todas las tareas que tengo que hacer y el tiempo que necesito, me permite tener sensación de control y, al mismo tiempo, tener la mente liberada y lista para directamente hacer la tarea.

Así que es importante diseñar nuestro plan de acción personal siguiendo los siguientes pasos:

  1. Definir las tareas: Por ejemplo, si tengo un examen de lengua, tengo que definir bien qué temas entran, cuantos apartados tiene cada tema, cómo son de extensos, cómo voy a estudiar cada uno. Por ejemplo, si un tema es muy largo y los demás más cortos, si un tema es de literatura pero otro es de sintaxis, en uno tengo que memorizar y en otro hacer ejercicios… tengo que contemplarlo y desglosarlo en “minitareas”. De esta forma conseguimos que “no se nos haga bola” cuando vayamos a ponernos, porque en vez de ver que tenemos que estudiar un montón, vemos que nos toca hacer una “minitarea” ahora, y después otra.
  2. Calcular el tiempo: calcular para cada minitarea el tiempo que vamos a tardar. Tiene que ser un tiempo realista, es mejor que nos pasemos de poner demasiado tiempo que demasiado poco. Si estimamos que vamos a tardar poco tiempo y, al final tardamos más, la siguiente tarea se verá afectada y así todo el horario, y nuestra sensación será de falta de control y de baja autoeficacia, por lo que disminuye la motivación de seguir con ello. Si estimamos que vamos a tardar mucho y, al final tardamos menos, nos sentiremos mucho mejor y tendremos 5 minutos para descansar hasta la siguiente minitarea.
  3. Hacer un horario: tenemos que diseñar un horario (hay que dibujarlo! No vale hacerlo “de cabeza”) en el que fijemos cuáles van a ser nuestras horas de estudio. Por ejemplo, todas las mañanas de 10:00 a 13:00. Una vez que sepamos los tiempos que tenemos para estudiar, vamos a encajar las minitareas en esos huecos. Por ejemplo, si el tema 1 de lengua tardo en leerlo y hacer un esquema 1 hora y en el tema 2 tardo 2 horas, escribo esas tareas en el hueco de estudio del día.

Así mismo, tenemos que programar qué momento del día vamos a usar para socializar y definir de qué manera, y también para ocio.

Por ejemplo, por la tarde de 17.00 a 19.00 voy a hacer algo de ocio: leer mi libro, ver un capítulo de una serie, o una peli, jugar a un juego…. De 19.00 a 20.00 voy a llamar a mis amigos para hablar un rato, o voy a ir junto a mi familia con la que vivo y hablar de algo, o voy a salir por la ventana a hablar con los vecinos de enfrente.

Recordad que el truco está en hacer poquito a poco, ¡pero sin parar! Solo en nuestros descansos programados.

¡Ánimo y a por todas! ¡Todo irá bien!

Escrito por Marina Martínez Calva. Psicóloga General Sanitaria, Área Infanto Juvenil Fundamenta Psicoeducativo.


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