23 Oct 2018

BY: Jimena Ocampo Lozano

Blog

Las personas somos seres sociables, y necesitamos comunicarnos en nuestro día a día.

 

Aprendemos a hablar casi sin darnos cuenta, por imitación, y sin tener una conciencia de que estamos aprendiendo. Este tipo de aprendizaje se llama aprendizaje implícito.

Sin embargo, no ocurre así con la lectura ni con la escritura. Es aquí donde los niños tienen que hacer un verdadero esfuerzo en el proceso de aprendizaje, y donde pueden surgir algunos problemas que debemos de hacer frente: la desmotivación, la frustración, el enfado…

Al principio, aprender a leer y a escribir parece una carrera de fondo. Es tan larga, que la fatiga y el agotamiento se pueden hacer presentes. Sin embargo, continuando con el simil, para iniciar esta carrera, previamente tenemos que entrenarnos y ejercitarnos. En el caso de la lectura y escritura, los niños deben de adquirir ciertas habilidades y requisitos antes de comenzar esta carrera.

¿Qué requisitos previos necesitamos? ¿Qué capacidades están en la base de estos procesos, sin los cuales es dificil que se dé un correcto aprendizaje?

 

Es lo que nosotros llamamos prerrequisitos. Sin ellos, es probable que surjan problemas en el camino. Es importante afianzarlos bien, y dar prioridad a trabajar dichos prerrequisitos, permitiendo que el cerebro del niño madure y se prepare para este aprendizaje, y no tanto querer que el niño aprenda a escribir y leer cuanto antes, sin tener en cuenta dicha madurez.

A continuación vamos a hablar de aquellas capacidades que hay que trabajar previamente, cómo podemos hacerlo, y cuándo es necesario pedir ayuda de un profesional, bien sea psicológica, psicopedagógica o logopédica.

  • Percepción y discriminación: una correcta percepción de los estimulos ambientales, ya sean sonoros, visuales, táctiles, que ayuden al niño a organizar y estructurar el mundo. Tiene que aprender a comprenderlos, darles un significado, y detectar que uno es diferente de otro.

 

  • Secuenciación y conceptos temporales: Que el niño aprenda a que los estímulos llevan a cabo una secuencia y un orden, donde unos ocurren antes y otros después, es importante. Además, nosotros organizamos el tiempo siguiendo ordenes y secuencias (días de la semana, meses del año, horas). Cuando hablamos, percibimos una serie de sonidos, una secuencia, donde unos ocurren antes, y otros a continuación. Lo mismo ocurrirá en la escritura.

 

  • Orientación espacial: Conceptos de derecha, izquierda, arriba y abajo… Además, tenemos que tener en cuenta que la escritura es espacial, y si existen dificultades en esta área podrían reflejarse también con errores posteriores a la hora de leer y de escribir (cambiando sílabas, o letras dentro de una misma sílaba, o cambiando letras que parecidas pero con diferente orientación, como ocurriría con la b y la d).

 

  • Atención: Es básica para cualquier tipo de aprendizaje. Es la puerta de entrada. Si no existe atención, no se puede aprender. Por tanto el niño tiene que ser capaz de mantener la atención durante un tiempo determinado que le permita aprender. La motivación juega un papel fundamental en este área. Por tanto, hacer la actividad más atractiva aumentará la motivación y con ello, la atención.

 

  • Memoria: Para los pequeños, las letras es un material nuevo. Además, cada símbolo (letra), está acompañado de un sonido (fonema). Por tanto, necesitan tener una memoria relacionar un sonido con un grafema, y además, memoria también para poder escribir la letra en un momento dado.

 

  • Conciencia fonológica: Los niños aprenden que las palabras están compuestas por sílabas, y éstas por letras. Aprenden que podemos ordenar las letras y formar palabras, y que si quitamos una letra y ponemos otra diferente, puede darnos otra palabra completamente distinta. Por ejemplo, si cambio la primera letra de Gato, puede obtener otra palabra, como Pato.

 

  • Conciencia de palabras: Los niños tienen que aprender que las frases están constituidas por palabras diferentes, que se ordenan de manera que tengan sentido.

 

  • Motricidad fina: La escritura es el ejercicio de motricidad fina por excelencia. El niño necesita de un tono muscular y de un control corporal adecuados para poder llevar a cabo esta tarea.

¿Cómo podemos ayudar a nuestros hijos a adqurir estas habilidades?

Podemos trabajar estos prerrequisitos mediante juegos. Los puzles y rompecabezas son estupendos para trabajar la capacidad perceptiva y constructiva. Juegos de imitación de onomatopeyas, idenfiticar de sonidos del ambiente e imitarlos, ayudarán al niño a la discriminación auditiva y conocimiento del medio.

Los papás podemos comenzar ayudar con la orientación espacial, del propio niño en el espacio, y de un objeto con respecto a otro en el espacio, enseñando términos espaciales, mediante dibujos y ejemplos de la vida real. Por ejemplo, a la hora de poner la mesa, enseñar que el tenedor lo ponemos a la izquierda, y el vaso arriba a la derecha…

La pinza y la motricidad fina se trabajan con multitud de juegos y de manualidades, que pueden resultar muy atractivas y placenteras, y es una manera de trabajar y mantener un nivel adecuado de motivación. Además podemos aprovechar y realizar actividades manuales relacionadas con las letras y de esta manera comienzan a identificar el nombre con la forma de la letra. Se puede conseguir pintando letras, recortando, decorando, haciendo carteles…

Existen otros juegos como el veo veo, que nos permiten trabajar la conciencia fonológica, y donde el niño comienza a pensar en palabras que comienzan por determinados sonidos. También juegos de segmentar sílabas (una palmada por sílaba, o saltar por cada sílaba…)

Hoy en día, existe muchos materiales que nos facilitan esta tarea, desde letras de goma eva, magnéticas, pizarras, rotuladores, carteles…. que podemos aprovechar para aumentar la motivación y trabajar estos prerrequisitos. Pero no podemos olvidar que nosotros somos los principales modelos para nuestros hijos. Que vean en nosotros un hábito de lectura y una actitud positiva y de juego cuando trabajamos con las letras es importante para que el niño quiera ser partícipe en una actividad que puede ser divertida, o por el contrario, una actividad que puede llegar a ser realmente frustrante.

Por último, recomendamos ampliar el vocabulario del niño, enriqueciendolo y aprovechando sus intereses. Por ejemplo, podemos aprovechar el interés de un niño en los vehículos, para introducir palabras como furgoneta, furgón, camión, carga, escavadora… o el interés de un niño en el zoo para explicarle los diferentes tipos de osos, de felinos… Aumentar el vocabulario y llamar a las cosas por su nombre es enriquecedor para ellos.

Si existe una dificultad para discriminar sonidos, para saber que uno es diferente de otro, o errores de articulación, es necesario que una profesional valore la situación. Errores de este tipo se reflejan posteriorimente en la escritura, y tratarlos es importante para evitar que se cometan. Si observamos  inmadurez a la hora de la realización de un puzle, de un dibujo, problemas de motricidad fina, de orientación, de memoria, de atención, así como gran frustración ante este tipo de material, un equipo que evalúe y nos oriente, e intervenga si es conveniente, puede determinar el curso de un aprendizaje que marcará todos los aprendizajes siguientes.

 

Yanira Dañobeitía. Neuropsicóloga. Psicóloga General Sanitaria