15 Oct 2018

BY: Jimena Ocampo Lozano

Blog

El sueño reparador es importatísimo en todas las etapas de la vida

El sueño reparador es importatísimo en todas las etapas de la vida, pero más aún en la infancia. Cuando dormimos recargamos la energía, restauramos el equilibrio interno y además asentamos los conocimientos y aprendizajes del día.

 

Para que los pequeños de la casa se despierten con esa energía que les caracteriza, han tenido que dormir las horas suficientes y sin interrupciones. Para ello es necesario que nuestros hijos tengan unos hábitos de sueño saludables que les permitan comenzar con las pilas recargadas.

 

A todos nos ha pasado alguna vez que, tras una noche en vela o de sueño ligero, el día nos pesa y nuestro humor se agría. Lo mismo pasa con los niños. La diferencia es que nosotros sabemos identificar el por qué de ese mal humor, sin embargo los pequeños no. Por eso, somos los adultos los tenemos que estar atentos ante determinados síntomas que nos puedan indicar que nuestros hijos no están durmiendo el tiempo suficiente, o si su sueño no es reparador. Esas señales de alarma serían cansancio diurno, mal despertar, irritabilidad, rabietas, apatía, malhumor, problemas de atención, problemas de aprendizaje…

 

Después de todo un día de juegos y actividades, los niños terminan agotados. Los papás lo notamos enseguida ya que comienzan a estar más quejicosos, con enfados y rabietas que no tendrían en otro momento. Estas son las señales de fatiga que nosotros identificamos rápidamente, pero que sin embargo los niños no lo hacen, y raramente un niño sabrá identificar ese malhumor con el cansancio que sienten, y por tanto, no sabrán que la solución a esa situación es irse a la cama y descansar para comenzar otra nueva aventura al día siguiente.

 

Lo importante para que los pequeños de la casa descansen es instaurar rutinas. De esta manera los niños aprenden los rituales que preceden a la hora de dormir.

 

  • ¡Baño, cena, cepillo de dientes y a la cama! : Esta suele ser la rutina por excelencia. Después de un baño relajante y de ponernos el pijama, cenamos y nos vamos a la cama. Se debe intentar que todos los días, en la medida de lo posible, sea a la misma hora. Estableciendo un horario regular, el cuerpo se adaptará mejor a los ciclos de sueño y de vigilia.
  • La habitación: Una habitación recogida y ordenada, con una luz tenue invitan al descanso.
  • Un momento de intimidad: El momento de acostarse es excelente para cerrar el día en familia. Un momento de intimidad donde hablar, escucharse y donde expresar emociones es saludable para los niños. De esta manera, se acostarán relajados, satisfechos y con sensación de ser queridos.
  • Cuéntame un cuento: A los niños les encanta que sus padres les cuenten un cuento, y probablemente alguno que se sepan muy bien o que les hayáis contado mil veces. Mediante los cuentos, los niños aprenden la estructura de inicio, nudo y desenlace, y el efecto causa-efecto. Por eso, les gusta escuchar el mismo cuento ya que van estableciendo estas relaciones que, quizás la primera vez que las escucharon no las comprendieron bien o se le perdieron algunos detalles, y ahora comprenden e incluso pueden anticipar.
  • Las pantallas, las tablets, la televisión, malos aliados: La luz artificial de los aparatos electrónicos que tanto les gustan a los niños manda señales al cerebro, que las interpreta como la claridad diurna. Por tanto, se produce una activación del sistema nervioso central, alterando los ciclos de sueño-vigilia.
  • Alimentación adecuada: no es bueno acostarse con la barriga llena, pero tampoco con hambre.

Si para nuestros hijos, el momento de irse a la cama es traumático, y va acompañado de lloros, rabietas y negativas, nos tendríamos que preguntar por el miedo que subyace a toda esta situación: pesadillas nocturnas, fobia a la oscuridad, ansiedad de separación, problemas emocionales, alteraciones del sueño… y será un profesional es que tenga que evaluar la situación y tratar el problema según su causa.

 

Yanira Dañobeitía.

Neropsocólga. Psicóloga General Sanitaria.